“Barn finds”, las cápsulas del tiempo de los clásicos Joyas abandonadas en garajes polvorientos

Barn Finds

En el mundillo de los clásicos se conoce a los “Barn finds” como aquellos coches que han sido apartados del mundo y que ven correr las arenas del tiempo en graneros, naves, o diferentes lugares inhóspitos, cubiertos de polvo y en un estado de absoluto abandono. Se encuentran a la espera de ser rescatados y devueltos al lugar que nunca debieron abandonar, la carretera.
En la mayoría de los casos llegan a pasar décadas hasta que estas joyas son encontradas.

Por el estado el que se son encontrados, la mayoría serían considerados como simple chatarra, pero para un ojo avispado nada más lejos de la realidad. He aquí algunos de los casos más extraordinarios que se han llegado a encontrar.

Mercedes-Benz 300 SL Gullwing . La desaparecida unidad 21

El Mercedes- Benz 300SL se introdujo en el año 1954 como un superdeportivo de dos asientos, contaba con el primer motor de gasolina de inyección directa, pero fue su apertura de puertas, de ahí la consideración alas de gaviota, lo que le llevo a la fama y a entrar en el olimpo de los clásicos.

A pesar de que su producción llegó a las 25.881 unidades, tan solo 29 de ellos fueron construidos con una carrocería de aluminio, denominados “Alloy-body”. Localizados 27 de ellos, durante mucho tiempo se desconoció el paradero de las unidades 21 y 29.

Numerosos rumores hacían suponer que en la zona de Santa Mónica (EE.UU), tiempo atrás circulaba uno de estos extraños modelos. El conocido restaurador Rudi Koniczek, siguió su pista. Tras averiguar el paradero, liberar toda la basura que rodeaba al coche y comprobar el número de chasis (#W198043550794) rápidamente se hizo evidente que la búsqueda de la unidad 21 había concluido.

Su único propietario, Tom Wellmer, cuenta que recibió el coche como regalo de graduación por parte de sus padres en 1955. Tras usarlo durante 15 años, la transmisión quedó dañada, por lo que el vehículo quedó apartado durante nada más y nada menos que 40 años.

El Mercedes 300 SL de Santa Mónica (EE.UU) cuando fue encontrado

Cuesta entender que su dueño abandonara un coche de estas características, ya que dado la rareza de este modelo, en una subasta un modelo completamente restaurado ha llegado a los 3,38 millones de euros. Sin embargo la búsqueda de la unidad 29 continúa siendo uno de los grandes misterios del mundo de los clásicos.

La pesca del Bugatti Type 22 Brescia.

72 años a más de 50 metros de profundidad. Rescatado de las aguas del lago Maggiore en Suiza, este Bugatti Brescia Type 22 cuenta, como no podía ser de otra manera, de una peculiar historia.

Adquirido en 1925 por su propietario original, Georges Pavia, fue empleado para el mundo de la competición. En 1933 lo vendió a un arquitecto suizo de origen polaco llamado Marco Schmuklerski, que residía en Ascona (Suiza). El vehículo fue importado de Francia de manera ilegal y sin pagar las correspondientes tasas. En el año 1936 el señor Schmuklerski se mudó a Zurich dejando el precioso Bugatti en el patio de un constructor local.

Por su parte las autoridades suizas seguían detrás del arquitecto para reclamar la deuda, que tras múltiples retrasos y penalizaciones, el importe superaba ampliamente el valor del propio coche. De manera que este decidió atarle una pesada cadena y lanzarlo al lago para hacerlo desaparecer y eliminar el problema.

Y ahí estuvo, olvidado durante más de 30 años, hasta que un submarinista aficionado, Ugo Pillon, lo encontró en una de sus inmersiones habituales. Rapidamente el Bugatti se convirtió en una curiosidad y un lugar de peregrinaje para más aficionados.

Pero no fue hasta el año 2009 cuando el coche fue rescatado de las profundidades del lago, dejando claro el lamentable estado en el que se encontraba. Sin embargo esto no importo a la hora de subastarlo, ya que alcanzó los 260.000 euros. El pujador esperaba poder restaurarlo completamente, pero nada más lejos de la realidad, ya que solo se rescataron el 22% de las piezas.

Bugatti Type 57S Atalante Coupé. El hallazgo del siglo

Si sorprendentes te han resultado las historias anteriores, esta no lo será menos, ya que para muchos expertos está considerado como el hallazgo del siglo.

La historia de este Bugatti Type 57S Atalante Coupé comienza con su propietario original, Francis Richard Henry Penn, capitán retirado de la Royal Navy. En 1929 tras la muerte de su padre, pasó a convertirse en el quinto Conde de Howe. A partir de ese momento decidió empezar su carrera como piloto de carreras, llegando a ganar la mítica carrera de Le Mans en 1931 a los mandos de un Alfa Romeo. Dado su éxito en el automovilismo, fundó el Club de Pilotos Británicos (BRDC), convirtiéndose en su primer presidente.

Por todo esto no es de extrañar la decisión que tuvo el Conde a la hora de adquirir el 57S Atalante Coupé, ya que en su tiempo representaba el pináculo de los coches deportivos. Su fabricación fue muy corta, debido a unos costes de producción muy elevados, parando la producción en la unidad 43, pero sólo 17 de ellos fueron construidos en la carrocería Atalante Coupé.

Originalmente el coche fue adquirido el 5 de mayo de 1937, con número de chasis 57502. Tras años de disfrutarlo, el señor Penn lo vendió en 1947 a J.P Tingay. Posteriormente en 1950 este lo revendió a M.H Ferguson, que acabaría formando parte de la colección de Lord Ridley en 1954. Finalmente en abril de 1955 Harold Carr pagó 895 libras por el coche, convirtiéndose de esta forma en el último propietario del mismo.

El señor Carr lo condujo hasta 1960 parando el odómetro en 42.300 kilómetros. Aquejado de un trastorno obsesivo compulsivo, el coche fue almacenado en un garaje en Gosforth, permaneciendo allí olvidado hasta el año 2008. Tras la muerte de Harold, y al no tener hijos, sus sobrinos se hicieron cargo de todos sus bienes. Mayúscula fue la sorpresa de estos cuando en pleno proceso de limpieza encontraron la joya.

El garaje de Gosforth en el que fue encontrado el Bugatti 48 años después
En noviembre de ese mismo año la casa de Bonhams subastó el Bugatti, alcanzando la cifra de 3.417.500 €. El precio más alto que se ha registrado para un “Barn finds”.

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